BLOG . ÚLTIMAS NOTICIAS

¿Cómo accedemos al agua potable?

¿Cómo accedemos al agua potable?

Parecería que en el inconciente colectivo existe la idea de que “el agua sale de las canillas”, como una acción casi mágica y permanente, independiente de todo factor natural o cultural.
Es suficiente que uno de los tantos y habituales inconvenientes de la infraestructura de servicios entre en falla, por caso la energía eléctrica, y el “agua no salga de las canillas”, para que declaremos enfáticamente que nuestra vivienda es inhabitable.

La “canilla”, casi como metáfora, es casi un invento de los últimos siglos (no muchos) y simplemente un ingenio que está en el extremo de un complejo sistema, el de captación, procesamiento y distribución del agua potable, al que no vemos en la vida cotidiana y como tanto no valoramos ni muchas veces comprendemos, como aquello de “ojos que no ven corazón que no siente”
Nuestra realidad sensible es la “canilla” y el fluir del agua que de ella esperamos cuando la accionamos.

El fuerte crecimiento de la expectativa de vida en el mundo, esta directamente relacionado con la ampliación del numero de personas que pueden acceder al “agua potable”, que ya no se trata solo de “agua” sino también de “potabilidad”.
El número de personas que mueren todos los años, por la imposibilidad de acceder a este “líquido elemento” en condiciones de salubridad, es uno de los factores de mortalidad (sobre todo infantil), más altos del mundo.

Historia
La memoria de Buenos Aires, puede dar fe de ello. La higiene y la salubridad pública eran bienes escasos. La contaminación del agua y los alimentos y el hacinamiento de las viviendas que habitaban los sectores populares (con escasa aireación, sin agua corriente ni desagües cloacales), generaban condiciones favorables al desarrollo de distintos morbos. Entre 1867 y 1868, infectó la ciudad un mal que visitaba en aquellos años: el cólera.

No por azar la fiebre amarilla azotó Buenos Aires. Distintos factores decretaron la desgracia: las obras de salubridad inexistentes, viviendas precarias, escaso o nulo control sanitario.
Tuvo que suceder en 1867 la epidemia de fiebre amarilla, que diezmó la población, para definir la urgente realización de una infraestructura olvidada: la del saneamiento, entre ellas el agua potable, el agua corriente, como la denominamos

Pocos meses mas tarde, la fiebre amarilla se alejó para siempre. Al menos era lo que creíamos, pues ha vuelto a aparecer en la región.
Se impulsaron las medidas de salubridad y saneamiento que, de haberse adoptado antes, sin duda hubieran impedido en mucho la propagación de la enfermedad

El primer plan nacional de saneamiento se elaboró en 1909 y, para implementarlo, se creó Obras Sanitarias de la Nación (OSN) en 1912. Después, es historia reciente, una empresa Aguas Argentina, reemplazo a la tradicional OSN, y en la actualidad, nuevamente del estado con un ente llamado AYSA.

Cambios de políticas, cambios de nombre, pero siempre un mismo objetivo, la provisión de agua potable a toda la población de la ciudad.

No nos vamos a poner a desarrollar el complejo sistema, siempre en estado critico, de tomar agua de un contaminado Río de la Plata, someterlo a procesos de purificación complejos, que transformen el agua en potable, y distribuirla.

Los tanques de reserva de agua
En este punto parece como necesario que aparezca el personaje principal de la historia, y que forma parte de nuestra responsabilidad personal. 
Un campo de acción privada, pero con consecuencias públicas: los tanques de reserva de agua.

Los tanques de agua son un elemento fundamental en una red de abastecimiento de agua potable, para compensar las variaciones horarias de la demanda. 
En efecto, las plantas de tratamiento de agua potable funcionan mejor si tienen poca variación del caudal tratado. 
Las plantas de tratamiento se dimensionan por lo tanto para que puedan producir la cantidad total de agua que la ciudad o pueblo consume a lo largo del día, y los tanques absorben las variaciones horarias: cuando hay poco consumo se llenan, y cuando el consumo es máximo se vacían.
Construir estos tanques, forma parte de la obligación de los particulares cuando construyen sus viviendas, pero forma parte integrante del sistema público general.
Por esta razón los códigos establecen distintas normativas de volumen de acumulación que deberá tener la reserva en relación con el número de unidades de vivienda del edificio.
Por ser “publico” como función, el estado estableció normas, como el caso de las puertas de acceso, abriendo hacia el interior y en una cierta ubicación en la pared del tanque. Objetivo: que nadie pueda ingresar con el tanque lleno y producir contaminación.

Toda la preocupación por la calidad del agua, controlada por especialistas en el espacio público parecía entrar en crisis, cuando el agua pasaba a ser de “jurisdicción privada”.
El “tanque de agua”, cumpliendo su función de acumulación para el funcionamiento del sistema general de agua, pasaba a ser una “caja negra”, donde todos el mundo confiaba en “no verlo”, y que sin mas la calidad del agua que había llegado al edificio mantuviera su calidad.

La ciudad de Buenos Aires, aunque en forma tardía, para lo que son los modelos de las ciudades de su importancia, sanciona en el año 1993 la ordenanza 45.593 de limpieza de tanques de agua:

Ordenanza 45.593: Limpieza de Tanques de Agua
Apruébese la reglamentación y requisitos de habilitación de las determinaciones de la Ordenanza 45.593 (B.M. 19.243) Buenos Aires, 13 de diciembre de 1993

A través de esta norma queda en claro que el sistema de agua potable no termina en la conexión de la cañería de distribución, con la entrada al edificio.
El sistema concluye en el grifo, “esa canilla mágica”, para lo cual ha debido recorrer las cañerías de distribución interna del edificio, y lo mas critico acumularse en el tanque de reserva, en tiempos variables, en compartimentos que idealmente son herméticos, pero que en la realidad no son.

No controlar la “calidad ambiental” de estos reservorios, dejándolos como la “caja negra” del sistema integral de agua potable, es lo que de alguna manera trata de mejorarse a través de normas como la Ordenanza 45.593.

Pero al margen de estas obligaciones, tal vez lo más importante es comprender que la calidad de agua que bebemos y nos higienizamos, es un compromiso público y privado de un sistema que es “público y privado”

El tema “agua” es tan significativo en los tiempos que se avecinan (algunos ya llegaron), que parecería como de menor importancia el controlar la calidad del agua cuando la responsabilidad es nuestra, pero podría ser un inicio de toma de conciencia mas amplia.


 

Jorge Barroso
Arquitecto
Compartir

Noticias Relacionadas: